viernes, 9 de diciembre de 2016

Romance de la jura de Santa Gadea

                 Jura de Santa Gadea, Armando Menocal (1889)

En Santa Gadea de Burgos
do juran los hijosdalgo,
allí toma juramento
el Cid al rey castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo.
Las juras eran tan recias
que al buen rey ponen espanto.

—Villanos te maten, rey,
villanos, que no hidalgos;
abarcas traigan calzadas,
que no zapatos con lazo;
traigan capas aguaderas,
no capuces ni tabardos;
con camisones de estopa,
no de holanda ni labrados;
cabalguen en sendas burras,
que no en mulas ni en caballos,
las riendas traigan de cuerda,
no de cueros fogueados;
mátente por las aradas,
no en camino ni en poblado;
con cuchillos cachicuernos,
no con puñales dorados;
sáquente el corazón vivo,
por el derecho costado,
si no dices la verdad
de lo que te es preguntado:
si tú fuiste o consentiste
en la muerte de tu hermano.

Las juras eran tan fuertes
que el rey no las ha otorgado.
Allí habló un caballero
de los suyos más privado:
—Haced la jura, buen rey,
no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor,
ni Papa descomulgado.
Jura entonces el buen rey
que en tal nunca se ha hallado.
Después habla contra el Cid
malamente y enojado:
—Mucho me aprietas, Rodrigo,
Cid, muy mal me has conjurado,
mas si hoy me tomas la jura,
después besarás mi mano.
—Aqueso será, buen rey,
como fuer galardonado,
porque allá en cualquier tierra
dan sueldo a los hijosdalgo.
—¡Vete de mis tierras, Cid,
mal caballero probado,
y no me entres más en ellas,
desde este día en un año!
—Que me place —dijo el Cid—,
que me place de buen grado,
por ser la primera cosa
que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno,
yo me destierro por cuatro.

Ya se partía el buen Cid
sin al rey besar la mano;
ya se parte de sus tierras,
de Vivar y sus palacios:
las puertas deja cerradas,
los alamudes echados,
las cadenas deja llenas
de podencos y de galgos;
solo lleva sus halcones,
los pollos y los mudados.
Con él iban los trescientos
caballeros hijosdalgo;
los unos iban a mula
y los otros a caballo;
todos llevan lanza en puño,
con el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas
con borlas de colorado.
Por una ribera arriba
al Cid van acompañando;
acompañándolo iban
mientras él iba cazando.


Anónimo
(Siglo XV)

martes, 6 de diciembre de 2016

Coplas por la muerte de su padre (fragmento)


     Danza macabra, grabado de Gerhard Altzenbach (1673)

                     XIV
 
Esos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
así, que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados,
así los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.                    [...]

                XVI
 
¿Qué se hizo el rey don Juan?
Los infantes de Aragón
¿qué se hicieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué de tanta invención
como trajeron?
Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
¿fueron sino devaneos?
¿Qué fueron sino verduras
de las eras?

                XVII
 
¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
¿Qué se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que traían?                   [...]

                 XXIII

Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes
y varones
como vimos tan potentes,
di, muerte, ¿dó los escondes,
y traspones?
Y las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza, las aterras
y deshaces.
 
Jorge Manrique
(h. 1440-1479)

lunes, 5 de diciembre de 2016

Tus casos falaces, Fortuna, cantamos

 Códice del Carmina Burana con la rueda de la diosa Fortuna, anónimo (h. 1230)

    Tus casos falaces, Fortuna, cantamos,
estados de gentes que giras y trocas;
tus grandes discordias, tus firmezas pocas,
y los que en tu rueda quejosos hallamos.
Hasta que al tiempo de ahora vengamos
de hechos pasados codicia mi pluma
y de los presentes hacer breve suma,
y dé fin Apolo, pues nos comenzamos. [...]

    ¿Pues cómo, Fortuna, regir todas cosas
con ley absoluta, sin orden te place?
¿Tú no harías lo que el cielo hace,
y hacen los tiempos, las plantas y rosas?
O muestra tus obras ser siempre dañosas,
o prósperas, buenas, durables, eternas;
no nos fatigues con veces alternas,
alegres ahora y ahora enojosas.

     Mas bien acatando tu varia mudanza,
por ley te gobiernas, aunque discrepante,
porque tu firmeza es no ser constante,
tu temperamento es destemperanza,
tu más cierta orden es desordenanza,
es la tu regla ser muy enorme,
tu conformidad es no ser conforme,
tú desesperas a toda esperanza.
 

Juan de Mena
(Laberinto de Fortuna, Siglo XV)

sábado, 3 de diciembre de 2016

Fortuna Imperatrix Mundi

 
                           Interpretación de O Fortuna dirigida por André Rieu en Maastricht (2012)

O Fortuna,
velut Luna
statu variabilis,
semper crescis
aut decrescis;
vita detestabilis
nunc obdurat
et tunc curat
ludo mentis aciem,
egestatem,
potestatem
dissolvit ut glaciem.


Sors immanis
et inanis,
rota tu volubilis,
status malus,
vana salus
semper dissolubilis,
obumbrata
et velata
michi quoque niteris;
nunc per ludum
dorsum nudum
fero tui sceleris.


Sors salutis
et virtutis
michi nunc contraria,
est affectus
et defectus
semper in angaria.
Hac in hora
sine mora
corde pulsum tangite;
quod per sortem
sternit fortem,
mecum omnes plangite!


Anónimo
(Siglo XIII)

Fortuna, Emperatriz del Mundo

¡Oh, Fortuna,
como la luna,

de condición variable,
siempre creces
o decreces!
La detestable vida
primero embota
y después estimula,
como juego,

la agudeza de la mente.
La pobreza
y el poder
los disuelve como al hielo.


Suerte cruel
e inútil,
tú eres una rueda voluble
de mala condición;
vana salud,
siempre disoluble,
cubierta de sombras
y velada
 
brillas también para mí;
ahora, por el juego
de tu maldad,
llevo la espalda desnuda.


La suerte de la salud
y de la virtud
ahora me es contraria;
los afectos
y las carencias
vienen siempre como cosa impuesta.
En esta hora,
sin demora,
impulsad los latidos del corazón,
el cual, por azar
hace caer al fuerte;
¡llorad todos conmigo!
 

[Traducción al castellano de José García Illa, en La justa entonación.]

Este poema, perteneciente al Carmina Burana, fue creado entre los años 1100 y 1200 y escrito en el latín medieval de las Vagantenlieder, poesías de los vagabundos goliardos. Gracias a la versión realizada por Carl Orff en 1936, ha alcanzado fama mundial.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Agora que sé de amor

                Amor o deber, Gabriele Castagnola (1873)

¿Agora que sé de amor
me metéis monja?
¡Ay Dios, qué grave cosa!

Agora que sé de amor
de caballero,
¿agora me metéis monja
en el monasterio?
¡Ay Dios, qué grave cosa!

Anónimo
(Siglo XV)

domingo, 27 de noviembre de 2016

Bailemos nós ja todas tres, ai amigas

                     Los recolectores de moras, Fritz Ebel (1894)

Bailemos nós já todas tres, ai amigas,
so aquestas avelaneiras frolidas;
e quen fôr belida, como nós, belidas,
se amig' amar,
so aquestas avelaneiras frolidas
verrá bailar.

Bailemos nós já todas tres, ai irmãas,
so aqueste ramo d' estas avelãas;
e quen fôr louçãa, como nós, louçãas,
se amig' amar,
so aqueste ramo d'estas avelãas
verrá bailar.

Por Deus, ai amigas, mentr' al non fazemos,
so aqueste ramo frolido bailemos;
e quen ben parecer, como nós parecemos,
se amig' amar,
so aqueste ramo, so l' que nós bailemos,
verrá bailar.


Airas Nunes
(Siglo XIII)

Versión al castellano de Un poema cada día

Bailemos nosotras tres, ¡ay amigas!,
bajo estos avellanos floridos;
y quien fuera bella, como nosotras, bellas,
si a un amigo amara,
bajo estos avellanos floridos
vendrá a bailar.

Bailemos nosotras tres, ¡ay hermanas!,
bajo el ramo de estas avellanas;
y quien fuera lozana, como nosotras, lozanas,
si a un amigo amara,
bajo el ramo de estas avellanas
vendrá a bailar

Por Dios, ¡ay amigas!, mientras cosa no hacemos,
bajo este ramo florido bailemos;
y quien bien parezca, como nosotras, parecemos,
si a un amigo amara,
bajo este ramo, bajo el que nosotras bailamos,
vendrá a bailar.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Meu sidi Ibrahim, ya nuemne dolche

 Patio de los Embajadores de La Alhambra, Joaquín Sorolla (1909)

Meu sidi Ibrahim, ya nuemne dolche,
vent' a mib de nohte.
In non, si non queris, yireim' a tib:
garme a ob legarte.

Anónimo
(Siglo XI)

Versión al castellano de Un poema cada día

Mi señor Ibrahim, ¡oh dulce nombre!,
vente a mí de noche.
Si no, si no quieres, ireme a ti:
dime dónde encontrarte.

domingo, 13 de noviembre de 2016

A ti, viva

                Reflejos de primavera, Peder Mørk Mønsted (1908)
                                Es tocar el cielo, poner el dedo
                                  sobre un cuerpo humano.
                                                                                       NOVALIS
Cuando contemplo tu cuerpo extendido
como un río que nunca acaba de pasar,
como un claro espejo donde cantan las aves,
donde es un gozo sentir el día cómo amanece. 

Cuando miro a tus ojos, profunda muerte o vida que me llama,
canción de un fondo que solo sospecho;
cuando veo tu forma, tu frente serena,
piedra luciente en que mis besos destellan,
como esas rocas que reflejan un sol que nunca se hunde.

Cuando acerco mis labios a esa música incierta,
a ese rumor de lo siempre juvenil,
del ardor de la tierra que canta entre lo verde,
cuerpo que húmedo siempre resbalaría
como un amor feliz que escapa y vuelve.

Siento el mundo rodar bajo mis pies,
rodar ligero con siempre capacidad de estrella,
con esa alegre generosidad del lucero
que ni siquiera pide un mar en que doblarse.

Todo es sorpresa. El mundo destellando
siente que un mar de pronto está desnudo, trémulo,
que es ese pecho enfebrecido y ávido
que solo pide el brillo de la luz.

La creación riela. La dicha sosegada
transcurre como un placer que nunca llega al colmo,
como esa rápida ascensión del amor
donde el viento se ciñe a las frentes más ciegas.

Mirar tu cuerpo sin más luz que la tuya,
que esa cercana música que concierta a las aves,
a las aguas, al bosque, a ese ligado latido
de este mundo absoluto que siento ahora en los labios.

Vicente Aleixandre
(La destrucción o el amor, 1935)

jueves, 10 de noviembre de 2016

¡Cómo me dejas que te piense!

                                           Ninfa, Henryk Siemiradzki (1869)

¡Cómo me dejas que te piense!
Pensar en ti no lo hago solo, yo.
Pensar en ti es tenerte,
como el desnudo cuerpo ante los besos,
toda ante mí, entregada.
Siento cómo te das a mi memoria,
cómo te rindes al pensar ardiente,
tu gran consentimiento en la distancia.
Y más que consentir, más que entregarte,
me ayudas, vienes hasta mí, me enseñas
recuerdos en escorzo, me haces señas
con las delicias, vivas, del pasado,
invitándome.
Me dices desde allá
que hagamos lo que quiero, 

unirnos, al pensarte.
Y entramos por el beso que me abres,
y pensamos en ti, los dos, yo solo.


Pedro Salinas
(Razón de amor, 1936)

lunes, 31 de octubre de 2016

Giralda

      Vista de la catedral de Sevilla, Anónimo (1884)

Giralda en prisma puro de Sevilla,
nivelada del plomo y de la estrella,
molde en engaste azul, torre sin mella,
palma de arquitectura sin semilla.

Si su espejo la brisa enfrente brilla,
no te contemples –ay, Narcisa– en ella,
que no se mude esa tu piel doncella,
toda naranja al sol que se te humilla.

Al contraluz de luna limonera,
tu arista es el bisel, hoja barbera
que su más bella vertical depura.

Resbala el tacto su caricia vana.
Yo mudéjar te quiero y no cristiana.
Volumen nada más: base y altura.


Gerardo Diego
(Alondra de verdad, 1941)
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