martes, 23 de mayo de 2017

Poética

 
        Lecciones de un alquimista, Antonio Muñiz (2012) 

La poesía no debe ser un arma, 
debe ser un abrazo,
un invento,
un descubrir a los demás
lo que les pasa por dentro,
eso, un descubrimiento,
un aliento,
un aditamento,
un estremecimiento.
La poesía debe ser
obligatoria.


Gloria Fuertes
(Historia de Gloria, 1980)

domingo, 14 de mayo de 2017

¡Ay mísero de mí, y ay infelice!

                  Cautivo en prisión, Mihály Zichy (1850)

                      SEGISMUNDO
    ¡Ay mísero de mí, y ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque, si nací, ya entiendo
qué delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.

Solo quisiera saber,
para apurar mis desvelos
–dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer–,
qué más os pude ofender,
para castigarme más.
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
que yo no gocé jamás?

Nace el ave, y, con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma,
o ramillete con alas,
cuando las etéreas salas
corta con velocidad
negándose a la piedad
del nido que deja en calma;
¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad?

Nace el bruto, y, con la piel
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas
–gracias al docto pincel–,
cuando, atrevido y cruel,
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto;
¿y yo, con mejor instinto,
tengo menos libertad?

Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas bajel de escamas

sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío;
¿y yo, con más albedrío,
tengo menos libertad?

Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra
de las flores la piedad
que le dan la majestad
del campo abierto a su huida;
¿y teniendo yo más vida,
tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión,
un volcán, un Etna hecho,
quisiera sacar del pecho
pedazos del corazón.
¿Qué ley, justicia o razón,
negar a los hombres sabe
privilegio tan süave,
excepción tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,

a un pez, a un bruto y a un ave? 

Calderón de la Barca
(La vida es sueño, 1636)

miércoles, 10 de mayo de 2017

En las mañanicas del mes de mayo

                           Flores de primavera, Iosif Krachkovsky (1905)

    En las mañanicas
del mes de mayo 
cantan los ruiseñores,
retumba el campo.
    En las mañanicas,
como son frescas,
cubren ruiseñores
las alamedas.
    Ríense las fuentes
tirando perlas
a las florecillas
que están más cerca.
    Vístense las plantas
de varias sedas,
que sacar colores
poco les cuesta.
    Los campos alegran
tapetes varios,
cantan los ruiseñores,
retumba el campo.

Lope de Vega
(El robo de Dina, 1615-1622)

domingo, 7 de mayo de 2017

Detén tu curso, Henares, tan crecido

                  En el río Cache la Poudre, Worthington Whittredge (1871) 

    Detén tu curso, Henares, tan crecido,
de aquesta soledad músico, amado,
en tanto que, contento, mi ganado
goza del bien que pierde este afligido;

    y en tanto que en el ramo más florido
endechas canta el ruiseñor, y el prado
tiene de sí al verano enamorado,
tomando a mayo su mejor vestido.

    No cantes más, pues ves que nunca aflojo
la rienda al llanto en míseras porfías,
sin menguárseme parte del enojo.

    Que mal parece, si tus aguas frías
son lágrimas las más, que triste arrojo,
que canten, cuando lloro, siendo mías.

Francisco de Quevedo
          (1580-1645)

viernes, 28 de abril de 2017

Duélete de esa puente, Manzanares

                       Lavanderas del Manzanares, Casimiro Sainz (1878)

Duélete de esa puente, Manzanares;
mira que dice por ahí la gente
que no eres río para media puente,
y que ella es puente para muchos mares.
 

Hoy, arrogante, te ha brotado a pares
húmedas crestas tu soberbia frente,
y ayer me dijo humilde tu corriente
que eran en marzo los caniculares.
 

Por el alma de aquel que ha pretendido
con cuatro onzas de agua de chicoria
purgar la villa y darte lo purgado,
 

me di ¿cómo has menguado y has crecido?,
¿cómo ayer te vi en pena, y hoy en gloria?

–Bebióme un asno ayer, y hoy me ha meado.

Luis de Góngora
(1561-1627)

miércoles, 26 de abril de 2017

Mozuelas las de mi barrio

Mujeres en la ventana, Bartolomé Esteban Murillo (1665-1675)

Mozuelas las de mi barrio, 
loquillas y confiadas,
mirad no os engañe el tiempo,
la edad y la confianza.
No os dejéis lisonjear
de la juventud lozana,
porque de caducas flores
teje el tiempo sus guirnaldas.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
que se nos va la Pascua!


Vuelan los ligeros años,
y con presurosas alas
nos roban, como Harpías,
nuestras sabrosas viandas.
La flor de la maravilla
esta verdad nos declara,
porque le hurta la tarde
lo que le dio la mañana.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
que se nos va la Pascua!


Mirad que cuando pensáis
que hacen la señal de la Alba
las campanas de la vida,
es la queda y os desarma
de vuestro color y lustre,
de vuestro donaire y gracia,
y quedáis todas perdidas
por mayores de la marca.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
que se nos va la Pascua!


Yo sé de una buena vieja
que fue un tiempo rubia y zarca,
y que al presente le cuesta
harto caro el ver su cara;
porque su bruñida frente
y sus mejillas se hallan
más que roquete de obispo
encogidas y arrugadas.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
que se nos va la Pascua!


Y sé de otra buena vieja
que un diente que le quedaba
se lo dejó estotro día
sepultado en unas natas;
y con lágrimas le dice:
«Diente mío de mi alma,
yo sé cuánto fuisteis perla,
aunque agora no sois nada.»
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
que se nos va la Pascua!


Por eso, mozuelas locas,
antes que la edad avara
el rubio cabello de oro
convierta en luciente plata,
quered cuando sois queridas,
amad cuando sois amadas,
mirad, bobas, que detrás
se pinta la ocasión calva.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
que se nos va la Pascua!


Luis de Góngora
(1561-1627)

sábado, 22 de abril de 2017

Conjura

           Lesbia, John Reinhard Weguelin (1878)

Tu espalda
zarpa de gato blanco.

Tus muslos
antorchas encendidas.

Tu vientre
teja de leche dura.

Tu boca
runa de luz.

Tu pelo 
chorro de lava quieta.

Tus manos
incendios de cristal.

Tus pechos
corazones de punta.

Tu sexo
flecha de sombra.

Ven esta noche,
ven esta noche,
ven esta noche.

Álvaro Tato
(Vuelavoz, 2017)

martes, 18 de abril de 2017

Conversación

                  Melancolía, Edvard Munch (1894)

Cada vez que te hablo, otras palabras
escapan de mi boca, otras palabras.
No son mías. Proceden de otro sitio.
Me muerden en la lengua. Me hacen daño.
Tienen, como las lanzas de los héroes,
doble filo, y los labios se me rompen
a su contacto, y cada vez que surgen
de dentro –o de muy lejos, o de nunca–,
me fluye de la boca un hilo tibio
de sangre que resbala por mi cuerpo.
Cada vez que te hablo, otras palabras
hablan por mí, como si ya no hubiese
nada mío en el mundo, nada mío
en el agotamiento interminable
de amarte y de sentirme desamado.


Luis Alberto de Cuenca
(La caja de plata, 1985)

viernes, 31 de marzo de 2017

Más recomendaciones para Julias

Muchacha con sombrero, Galina Alexeevna Rumiantseva (1960)

No caigas nunca en el amor por lo trágico,
en ese concurrido amor por lo terrible
que linda tu carroza, en esos aires
negros de tuba atroz, tres veces dicho,
no es fácil, y no llores
al volver
pero tampoco
al ir, no llores
y punto, vive
como si  fuera un verbo que tuviera
sentido,
enciende
rápido
esa
vela,
no le quites al libre su limosna,
no quedes en las plazas,
no hagas ruido.
Llama siempre que ames, ama aunque
te digan que te arañará (no es raro), y
te nieguen el oasis en la frente,
pero no seas
nunca
sólo
azar,
sal
de tu vida como quien entra a solas en un supermercado
y no duda en cambiar su sempiterna marca de refrescos azules de momento,
di
no
al revés
y no te trices nunca,
y pase lo que pese
sigue, sigue
como si no
fuera contigo,
como si
te acompañaras, lámpara
de una luz nueva, de una nueva
máquina
más.

Sé que no eres mi hija (sé que no eres
hija de nadie, y yo no tengo trazos
desiguales que darte),  pero
no temas más y no maceres este tiempo tuyo
que te repite así su tic-tac mágico:
no mires el reloj, detente, date
y descubre las cosas del alma de las cosas
del alma. No me importa
si recuerdas o no quién te lo dijo,
pero jamás des tus gemidos a esos
crueles pequeños que aún creen en lecciones
de leche. Olvídame, camina,
busca a dios
donde quieras,
resúmete en cualquier contrasentido
y elige tu color. Sin miedo
ni esperanza, conócete a ti misma,
duda del nihil novus y esas viejas valijas
y, preclaro platón, pliego de plácemes,
dale oído a ese adagio luminoso
que aconseja primero no dañar, primum non nocere,
ojalá todo esté en  los libros,
tengo que irme, siempre estamos marchándonos,
reclama, no te manches,
no temas, 
salta, 
date
más
hoy,
es
toy,

fir
me,
ven,
adiós.

Gonzalo Escarpa
(Fatiga de materiales, 2006)

sábado, 25 de marzo de 2017

La ciudad de las casas azules

                               Puerto de Saint-Cast, Paul Signac (1890)

Te inventaré una ciudad de casas azules donde siempre serás nombrada
con el nombre que inventé para ti.
¡Estás tan linda cuando luces el nombre que inventé para ti!
Enterraremos ese otro –azaroso y furtivo- que ahora te viste, en un lugar que se parezca
a todos los lugares que conocemos
para que cuando nos dé alcance su nostalgia,
no recordemos dónde fenece.

Te inventaré un oficio que ocupe tus días en la ciudad de las casas azules:
algo así como desordenar las caracolas de la playa
o apuntalar castillos de arena.
Algo importante que entretenga tus manos para que no pierdas el tiempo
abrazada a los árboles,
regalando el don de tus caricias a aquellos que nunca te arroparán. 

(A esos estúpidos ásperos a los que entregas tu cuerpo).

Te inventaré una ciudad de casas azules donde todos te conocerán
por el nombre que inventé para ti y tus manos, hacendosas,
desordenarán las caracolas de la playa
o cuidarán de los castillos de arena
para que los árboles no te susurren jamás

que echan de menos tu piel.

Vega Cerezo
(Yo soy un país, 2013)
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