viernes, 17 de noviembre de 2017

Noche divina

 
                           Jardín de Aranjuez, Santiago Rusiñol (1907)

Este jardín nos cede su delicia,
nos cede el árbol de manzanas lleno:
fuente de dioses a la sed propicia,
pan del instinto, para el hambre, bueno.

Mas blanco mármol sin igual pudicia
fija en nosotros su mirar sereno:
muslo desnudo, vigoroso el seno,
puro, como la luz que lo acaricia.

Se hacen tus ojos demasiado azules,
cubren tus manos impalpables tules
y algo divino te levanta en vuelo.

No cortemos la fruta deleitosa
y mira el alma en una nube rosa
cómo es de azul la beatitud del cielo.


Alfonsina Storni
(Irremediablemente, 1919)

domingo, 12 de noviembre de 2017

La cita

 
                       Mi señor Amor, Thomas Cooper Gotch (1854-1931)

    Me he ceñido toda con un manto negro.
Estoy toda pálida, la mirada extática.
Y en los ojos tengo partida una estrella.
¡Dos triángulos rojos en mi faz hierática!

    Ya ves que no luzco siquiera una joya.
Ni un lazo rosado, ni un ramo de dalias.
Y hasta me he quitado las hebillas ricas
De las correhuelas de mis dos sandalias.

    Mas soy esta noche, sin oros ni sedas,
Esbelta y morena como un lirio vivo.
Y estoy toda ungida de esencias de nardos.
Y soy toda suave bajo el manto esquivo.

    Y en mi boca pálida florece ya el trémulo
Clavel de mi beso que aguarda tu boca.
Y a mis manos largas se enrosca el deseo
Como una invisible serpentina loca.

    ¡Descíñeme, amante! ¡Descíñeme, amante!
Bajo tu mirada surgiré como una
Estatua vibrante sobre un plinto negro
Hasta el que se arrastra, como un can, la luna.


Juana de Ibarbourou
(Las lenguas de diamante, 1919)

viernes, 10 de noviembre de 2017

Nocturno

         Vista nocturna del Puente de Queensboro, Julien Alden Weir (1910)

   ... Es la celeste jeometría
de un astrónomo viejo
sobre la ciudad alta –torres
negras, finas, pequeñas, fin de aquello…–

    Como si, de un mirador último,
lo estuviera mirando
el astrólogo.

                      Signos
exactos –fuegos y colores–,
con su secreto bajo y desprendido
en diáfana atmósfera
de azul y honda transparencia.

    ¡Qué brillos, qué amenazas,
qué fijezas, qué augurios,
en la inminencia cierta
de la estraña verdad! ¡Anatomía
del cielo, con la ciencia
de la función en sí y para nosotros!

    –Un grito agudo, solo, inmenso,
como una estrella errante–.

                                                  ...¡Cuán lejanos
ya de aquellos nosotros,
de aquella primavera de esta tarde
–en Washington Square, tranquila y dulce–,
de aquellos sueños y de aquel amor!


Juan Ramón Jiménez
(Diario de un poeta recién casado, 1916)

miércoles, 8 de noviembre de 2017

La copla andaluza

              Baile en el Café Novedades de Sevilla, Joaquín Sorolla (1914)

    Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción, que recoge
la noche morena.
 

    La noche sultana,
la noche andaluza,
que estremece la tierra y la carne
de aroma y lujuria.

    Bajo el plenilunio,
como lagrimones,
como goterones, sus cálidas notas
llueven los bordones.

    Son melancolía
sonora, son ayes
de las otras cuerdas, heridas, punzadas,
las notas vibrantes.

    Y en el aire, húmedo
de aroma y lujuria,
levanta su vuelo –paloma rafeña–
la copla andaluza.


    Dice de ojos negros
y de rojos labios
de venganza, de olvido, de ausencia,
de amor y de engaño...

    Y de desengaño.
De males y bienes,
de esperanza, de celos..., de cosas
de hombres y mujeres.

    Y brota en los labios
soberbia y sencilla,
como brotan el agua en la fuente,
la sangre en la herida.

    Y allá va en la noche,
paloma rafeña,
a decir la verdad a lo lejos,
triste, clara y bella.

    Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción que recoge
la noche morena.
 

Manuel Machado
(Cante hondo, 1912)

lunes, 6 de noviembre de 2017

La noria


            El viejo molino de agua, Myles Birkett Foster (a. 1899)

    La tarde caía
triste y polvorienta.

    El agua cantaba
su copla plebeya
en los cangilones
de la noria lenta.
    Soñaba la mula
¡pobre mula vieja!,
al compás de sombra
que en el agua suena.
    La tarde caía
triste y polvorienta.
    Yo no sé qué noble,
divino poeta,
unió a la amargura
de la eterna rueda
    la dulce armonía
del agua que sueña,
y vendó tus ojos,
¡pobre mula vieja!...
    Mas sé que fue un noble,
divino poeta,
corazón maduro
de sombra y de ciencia.


Antonio Machado
(Soledades, galerías y otros poemas, 1907)

domingo, 5 de noviembre de 2017

Lela



Están as nubes chorando
por un amor que morreu.
Están as rúas molladas
de tanto como choveu.

Lela, Lela,
Leliña por quen eu morro,
quero mirarme
nas meniñas dos teus ollos.

Non me deixes
e ten compasión de min.
Sen ti non podo,
sen ti non podo vivir.


Dame alento cas túas palabras,
dame celme do teu corazón,
dame lume cas túas miradas,
dame vida co teu doce amor.

Lela, Lela,
Leliña por quen eu morro,
quero mirarme
nas meniñas dos teus ollos.

Non me deixes
e ten compasión de min.
Sen ti non podo,
sen ti non podo vivir.


Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao
(Os vellos non deben de namorarse, 1953)


Versión al castellano de Un poema cada día

Están las nubes llorando
por un amor que murió.
Están las calles mojadas
de tanto como llovió.

Lela, Lela,
Leliña por quien yo muero,
quiero mirarme
en las pupilas de tus ojos.

No me dejes
y ten compasión de mí.
Sin ti no puedo,
sin ti no puedo vivir.

Dame aliento con tus palabras,
dame esencia de  tu corazón,
dame fuego con tus miradas,
dame vida con tu dulce amor.

Lela, Lela,
Leliña por quien yo muero,
quiero mirarme
en las pupilas de tus ojos.

No me dejes
y ten compasión de mí.
Sin ti no puedo,
sin ti no puedo vivir.

(Los viejos no deben enamorarse, 1953)

Esta canción aparece en la escena II del acto I de la obra teatral Os vellos non deben de namorarse, de Castelao, que se estrenó en Buenos Aires en 1941, aunque no se publicó hasta 1953.

En el vídeo podemos escucharla interpretada por Dulce Pontes y Carlos Núñez, que realizaron, en 1996, una preciosa versión de este clásico de la canción popular gallega.

lunes, 30 de octubre de 2017

Venus

                                     Alma de otoño, Armand Point (1890)

    En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.
En busca de quietud, bajé al fresco y callado jardín.
En el obscuro cielo, Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

    A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
que esperaba a su amante, bajo el techo de su camarín,
o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

    «¡Oh, reina rubia! —díjele—, mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,

    y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar».
El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.


Rubén Darío
(Azul, 1888)

jueves, 26 de octubre de 2017

La dama duende (fragmento)

                        Héspero, Joseph Noel Paton (1857)

Dª ÁNGELA
¿Estaréis muy disgustado
de esperarme?

D. MANUEL
                         No, señora;
que quien espera al aurora,
bien sabe que su cuidado,
en las sombras sepultado
de la noche oscura y fría,
ha de tener, y así hacía
gusto el pesar que pasaba;
pues cuanto más se alargaba,
tanto más llamaba al día.
Si bien no era menester
pasar noche tan oscura,
si el sol de vuestra hermosura
me había de amanecer;
que para resplandecer
vos, soberano arrebol,
la sombra ni el tornasol
de la noche no os había
de estorbar; que sois el día
que amanece sin el sol.
El alba, para brillar,
quiso a la noche seguir;
la aurora para lucir,
al alba quiso imitar;
el sol, deidad singular,
a la aurora desafía,
vos al sol; luego la fría
noche no es menester
si podéis amanecer
sol del sol después del día.

Dª ÁNGELA
Aunque agradecer debiera
discurso tan cortesano,
quejarme quiero (no en vano),
de ofensa tan lisonjera,
pues no siendo esta la esfera,
a cuyo noble ardimiento
fatigas padece el viento
sino un albergue piadoso,
os viene a hacer sospechoso
el mismo encarecimiento.
No soy alba, pues la risa
me falta en contento tanto;
ni aurora, pues que mi llanto
de mi dolor ¿no os avisa?
No soy sol, pues no divisa
mi luz la verdad que adoro,
y así lo que soy ignoro;
que solo sé que no soy
alba, aurora o sol; pues hoy
no alumbro, río, ni lloro.
Y así, os ruego que digáis,
señor don Manuel, de mí
que una mujer soy y fui
a quien vos solo alegráis
al extremo que miráis.

Calderón de la Barca
(La dama duende, 1629)

viernes, 20 de octubre de 2017

Homero, Hesíodo, Safo, Píndaro

                    El Partenón, Frederic Edwin Church (1871)

Homero, Hesiodo, Safo, Pindaro...
Kavafis, Elytis, Seferis, Ritsos...

Tales, Heraklito, Parmenides,
Sokrates, Platon, Aristoteles...

Greziak ez du muga fisikorik,
lurralde bat baino askoz gehiago...

Hölderlin, Nietzsche, Heidegger, Celan...

Oliba usaineko jakinduria,
bere buruaren uharte, itsaso
biribildu ezina, gatzaren kanta
zauri direnen belarrietan.

Hasiera bat, abiapuntu bat,
hari bat zeinari jarraitu,
argi hauskorren isla,
nora eta zergatik goazen
inoiz ez jakin arren.

Garai larrietan inongoak ez.
Lurra, kate. Goraka begira
sustraiak, argiz eta itsasoz.
Mugak oro lausotzea. Greziar...,
oinutsik hareari forma emanez.
Berriz hastea sorterri.

Aritz Gorrotxategi
(Muga, 2016) 


Homero, Hesíodo, Safo, Píndaro...
Kavafis, Elytis, Seferis, Ritsos...

Tales, Heráclito, Parménides,
Sócrates, Platón, Aristóteles...

Grecia carece de límites físicos,
ser más que un territorio...

Hölderlin, Nietzsche, Heidegger, Celan...

Sabiduría de aroma oliváceo,
isla de sí misma, mar
imposible de plegar, canto de sal
a oídos de quienes son herida.

Inicio, punto de partida,
hilo al que seguir, reflejo
de luces quebradizas,
a pesar de no saber nunca
a dónde vamos y por qué.

No pertenecer a ningún lugar
en épocas de penuria. Tierra que es cadena.
Raíces mirando hacia arriba, de luz y mar.
Disipar cualquier límite. Griegos...,
dando forma a la arena descalzos.
Que la patria sea comenzar de nuevo.

[Poema incluido en la antología bilingüe Muga, Ediciones El Gallo de Oro, 2016. Traducción al castellano del propio autor.]

lunes, 16 de octubre de 2017

Unha vez

               Mar con gaviotas, Nikolay Nikanorovich Dubovskoy (1911)

Unha vez houbo un home
que nunca dixo meu.
Petóu nas portas do mundo,
chamóu no meu corazón.
Falaba con palabras
que semellaban pombas.
As cousas á súa beira
púñanse brancas.
Nascíalle nos ollos un abrente
coma un río de luz,
ou coma un mar lonxano de gueivotas.
Un bálsamo de amor

tiña aquil home
pra ista miña dor
sin nome.


Celso Emilio Ferreiro
(Longa noite de pedra, 1962)


Versión al castellano de Un poema cada día

Una vez hubo un hombre
que nunca dijo mío.
Golpeó en las puertas del mundo,
llamó a mi corazón.
Hablaba con palabras
que semejaban palomas.
Las cosas a su vera
poníanse blancas.
Nacíale en los ojos un albor
como un río de luz,
o como un mar lejano de gaviotas.
Un bálsamo de amor
tenía aquel hombre
para este dolor mío
sin nombre. 

(Larga noche de piedra, 1962)
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